¡No hay mejor nave para un viaje, que un buen libro!

domingo, 19 de agosto de 2012


Manualidades con material reciclado:
Proyecto final de Filosofía para Niños.
Teniendo en cuenta todo lo visto sobre la naturaleza (en plan lector) debes construir animales con material reciclable para realizar una SESiÓN DE TíTERES (para el 30 y 31 de agosto según organización de grupos). En el video se presenta cómo hacer una mariposa, puedes crear libélulas, abejas, moscas, gatos, etc. Lo más importante es que tu creatividad y reutilización de desechos sea evidente y demuestre tu reflexión frente a la relación de los seres humanos con la naturaleza.
            Ánimo, explora tus habilidades.

domingo, 5 de agosto de 2012



Había una vez un conejo que se llamaba Serapio. Él vivía en lo más alto de una montaña con sus nietas Serafina y Séfora. Serapio era un conejo bueno y muy respetuoso con todos los animales de la montaña y por eso lo querían. Era muy sabio y viejo también. Pero sus nietas eran diferentes: inventaban historias de sus vecinos, no saludaban y les gustaba criticar a todos de muy mala manera. Serapio que vivía avergonzado por ellas, siempre pedía disculpas por lo que ellas hacían con los demás. Cada vez que ellas salían a pasear, Serafina decía: “Pero mira que fea está esa oveja. Mira la nariz del toro”. “Sí, mira que alto y deforme es ese animal", respondía Séfora. Y así se la pasaban criticando a los demás, todos los días.
Un día, cansado el abuelo de la mala actitud de sus nietas, se le ocurrió algo y dijo: “Vamos a practicar un juego en donde tendrá cada una un cuaderno. En él escribirán la palabra disculpas, cada vez que ofendan a alguien. Ganará la que escriba menos esta palabra, ¿de acuerdo? “Sí abuelo”, respondieron a una sola voz. Pasaron los días y cansadas de escribir, pensaron que era mejor respetar a los demás para no escribir tantas veces lo mismo. Llegó el momento en que Serapio tuvo que felicitar a ambas porque ya no tenían quejas de los vecinos. Luego, les pidió a las conejitas que borraran poco a poco todo lo escrito hasta que sus cuadernos quedaran como nuevos. Casi de inmediato, las conejitas se sintieron muy tristes porque vieron que era imposible que las hojas del cuaderno quedaran como antes. Así que buscaron a su abuelo y le contaron lo que había pasado y él les dijo:
 “Del mismo modo queda el corazón de una persona a la que le decimos cosas feas. Queda marcado para siempre y por más que pidamos disculpas, las huellas serán imposibles de borrar. Por eso es mejor respetar a los demás así como queremos que nos respeten a nosotros”.

domingo, 15 de julio de 2012

HISTORIETA SOBRE LA NATURALEZA

Dibuja esta historieta en tu cuaderno de Plan Lector y escribe una breve reflexión sobre la intención del autor del cómic. 

sábado, 23 de junio de 2012


Una familia grande para un nido pequeño 


Una familia grande para un nido pequeño





Una preciosa y fría tarde de otoño, una mamá pajarita y un papá pajarito se disponían a dormir a sus dos pichones bajo sus plumas calentitas, cuando todos escucharon a otro pajarito pequeño piando desesperadamente, de hambre y de frío.

El más listo de los pichoncitos se acurrucó con su mamá mientras le decía:

_ ¿Quién es ese que chilla tanto, mamá? Parece que no tiene nido como nosotros – preguntó el mayor y más fuerte de los hijitos.

_ Sí, – dijo el papá – se trata de un pajarito que se cayó del nido y está muy debilito y frío. Yo lo vi esta tarde cuando les traía comida a ustedes.

_ ¿Qué podemos hacer por él? – preguntó la mamá a su familia, y agregó: – Le podríamos dar albergue y comida, si pudiéramos subirlo hasta acá.

- No, mamá. ¡Déjalo ahí donde está! – dijo el pajarito más listo y fuerte – que si le das comida va a querer comérsela toda, y lo traes para acá arriba, él va a querer arrimarse a ti para estar más calentito. Entonces, ¿dónde podré ponerme yo? ¿Eh?.

- Sí, mamá; yo quiero que se calle, así es que baja tú y dale algo de comer, pero no lo traigas para acá, que este nido es muy pequeño y no cabe nadie más.

El papá pajarito, que escuchaba estas dos opiniones, de modo muy dulce se dirigió a sus dos hijos y les habló así, de esta forma que voy a contarles:

- Hijitos queridos: ese pajarito perdió a sus padres y tiene hambre. Su nido fue destruido por un señor muy malo que no se dio cuenta que él había quedado vivo. Aquí vosotros estáis bien alimentados y calentitos. Yo puedo ir a buscar al niño bueno que es mi amigo y que vive en aquella casa y puedo también hacerle comprender que tome al pajarito suavemente y lo suba hasta nuestro nido. Así lo podremos alimentar y darle calor.

- Eso mismo pienso yo- dijo la mamá.

- Entonces, si están de acuerdo ustedes dos, que son los que mandan, por ser la mamá y el papá, ¿por qué no lo han traído ya? – dijo el pajarito más listo.

- Porque yo quería que todos estuviéramos convencidos de la decisión que podríamos tomar. Debemos proteger a esa criatura que tiene frío y si viene para acá con nosotros, ¿no se dan cuenta que vamos a estar más apretaditos, y por tanto, tendremos mayor calor?

- ¿Y habrá comida para los tres? ¿para mi hermano, para el otro pajarito y para mí? – preguntó el más pequeño de los hijitos.

- ¡Claro que sí, mis tesoros! Habrá comida y calor para todos y seremos más felices por haber aliviado a una criatura que no tiene a nadie en este mundo.

Y, diciendo esto, la mamá pajarita, llena de ternura, dio sendos besos a sus hijos y otro a su esposo, quien, inmediatamente voló hacia la casa de su niño amigo, dando por hecho que sus hijos estaban convencidos del bien que harían, mientras seguían escuchando los gritos de su futuro huésped, cada vez más débiles.

Y cuentan que al día siguiente amanecieron todos, los tres pequeños pajaritos y sus padres, muy acurrucados en el centro del nido, llenos aún de la cena de la noche anterior y con caras de felicidad. Todavía quedaba espacio en el nido.  

Dra. Adania Guanche Martínez

domingo, 29 de abril de 2012

Observa bien cada imágen y analiza qué están expresando.
 Luego, escribe una reflexión en tu cuaderno de plan lector.

viernes, 20 de abril de 2012

Una historia para reflexionar

 Anita era una niña de 8 años de edad, ella era temerosa y siempre antes de salir de casa, como era de costumbre oraba a Dios.

Ella vivía cerca de su escuela y se iba caminando solita, antes de salir, en una mañana cualquiera, ella oró a Dios para que la cuidara en el camino; salió de su casa muy contenta cuando de repente escuchó unos pasos muy fuerte atrás de ella, pero no volteaba su cabeza, no quería hacerle caso, pero cada vez esos pasos se oían más fuerte y cerca, entonces comenzó a tener miedo y volteó a ver y quién creen que era? ... era un señor muy feo y con cara de malo!

  Anita se asustó, corrió y más adelante ese hombre extraño la alcanzó, pasó por su lado pero no le hizo nada. Anita corrió más rápido y luego se cansó, se sentó en unas escaleras de un edificio y el señor a lo lejos la seguía mirando más feo.

Entonces más adelante venia la policía, uno de ellos miró a Anita sentada, asustada y le preguntaron: ¿qué te pasa niña? ¿Acaso haz visto a un señor de feo aspecto  y cara de malo que roba chicos?, entonces Anita les dijo:- si lo mire y me dio miedo, pero a mí no me hizo nada y los policías dijeron que raro que no te robó. Miren, miren ahí va el señor, atrápenlo dijo el policía a sus compañeros, y Anita preguntó al policía oiga ¿me dejan preguntarle algo al señor? si, dijo el policía vamos, entonces Anita le dijo al Señor ''oiga señor si usted roba chicos, entonces porque no me robó a mí que andaba solita? y dijo el Señor -¿tu solita? nooo, tu no estabas sola, un hombresote bien fuerte iba contigo y yo ni loco te iba a tocar, ese hombre me hubiera ganado en fuerza. Fue entonces que Anita dijo: - no cabe duda que ese era mi ángel guardián que Dios mandó para cuidarme, gracias Dios mío.

Tomado de: www.pcjovenes.com

miércoles, 11 de abril de 2012

NÓMADAS MODERNOS


Cuento sobre sostenibilidad y medio ambiente
Un día cualquiera, la clase de don Ernesto transcurría normalmente mientras explicaba a sus alumnos la historia del hombre. Les contaba que en un principio los hombres fueron nómadas, que no vivían en un lugar fijo porque iban de un lado a otro buscando la comida donde estaba, y cuando se acababa, se marchaban a otro lugar. Les contó cómo el invento de la agricultura y la ganadería fue algo excepcional, porque al aprender a cuidar la tierra y los animales, el hombre pudo tener comida siempre, de mejor calidad, y además vivir en un sitio fijo, lo que facilitaba que se pudieran hacer muchas otras cosas que necesitaban mucho tiempo para hacerse, y a raíz de eso se construyeron los primeros pueblos y ciudades...
Todos escuchaban como encantados aquella historia, hasta que saltó Lucía:

- ¿Y si aquello fue tan importante y mejoró todo tanto, por qué somos nómadas otra vez, don Ernesto?
Don Ernesto se quedó sin decir palabra. Lucía era una niña muy inteligente, conocía a su casa y a sus padres, y estaba seguro de que no eran nómadas; ¿qué querría decir?
- Todos nos hemos vuelto nómadas -siguió Lucía-. El otro día a las afueras de la ciudad estaban talando los bosques, hace poco vez un pescador me contó cómo pescaban; y con todos era lo mismo: cuando se acababa un bosque, se iban a otro, y cuando se acababan los peces en un sitio, cambiaban de lugar. Eso es lo que hacían los nómadas ¿no?
El maestro asintió pensativo con la cabeza. Realmente, Lucía tenía razón, y los hombres habíamos terminado por convertirnos en nómadas a la hora de conseguir muchas cosas. ¡Menudo atraso! en lugar de cuidar la tierra y sus recursos para seguir obteniéndolos en el futuro, ¡seguimos exprimiéndolos hasta que se acaban, y luego nos vamos!. El resto de la tarde estuvieron hablando sobre qué podían hacer para demostrar lo civilizados que eran...
Al día siguiente, todos fueron a clase llevando una camiseta verde con un mensaje que decía "¡Yo no soy un nómada!", y a partir de entonces, se dedicaron a demostrar a todos que no lo eran; cada vez que sabían que iban a necesitar algo, se preocupaban por asegurarse de que hubiera sido obtenido con cuidado y control: si querían madera o papel, se aseguraban de que fuera de árboles replantados, el pescado lo compraban en piscifactoría, vigilando que no fueran peces pequeñitos; sólo utilizaban productos de animales cuidados y alimentados en granjas... y así, desde su pequeña ciudad, aquellos niños consiguieron dejar de ser nómadas de nuevo, como habían hecho los hombres prehistóricos hacía miles de años.

Autor..