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| Observa bien cada imágen y analiza qué están expresando. Luego, escribe una reflexión en tu cuaderno de plan lector. |
domingo, 29 de abril de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
Una historia para reflexionar
Anita era una niña de 8 años de edad, ella era temerosa y siempre antes de salir de casa, como era de costumbre oraba a Dios.
Ella vivía cerca de su escuela y se iba caminando solita, antes de salir, en una mañana cualquiera, ella oró a Dios para que la cuidara en el camino; salió de su casa muy contenta cuando de repente escuchó unos pasos muy fuerte atrás de ella, pero no volteaba su cabeza, no quería hacerle caso, pero cada vez esos pasos se oían más fuerte y cerca, entonces comenzó a tener miedo y volteó a ver y quién creen que era? ... era un señor muy feo y con cara de malo!

Anita se asustó, corrió y más adelante ese hombre extraño la alcanzó, pasó por su lado pero no le hizo nada. Anita corrió más rápido y luego se cansó, se sentó en unas escaleras de un edificio y el señor a lo lejos la seguía mirando más feo.
Entonces más adelante venia la policía, uno de ellos miró a Anita sentada, asustada y le preguntaron: ¿qué te pasa niña? ¿Acaso haz visto a un señor de feo aspecto y cara de malo que roba chicos?, entonces Anita les dijo:- si lo mire y me dio miedo, pero a mí no me hizo nada y los policías dijeron que raro que no te robó. Miren, miren ahí va el señor, atrápenlo dijo el policía a sus compañeros, y Anita preguntó al policía oiga ¿me dejan preguntarle algo al señor? si, dijo el policía vamos, entonces Anita le dijo al Señor ''oiga señor si usted roba chicos, entonces porque no me robó a mí que andaba solita? y dijo el Señor -¿tu solita? nooo, tu no estabas sola, un hombresote bien fuerte iba contigo y yo ni loco te iba a tocar, ese hombre me hubiera ganado en fuerza. Fue entonces que Anita dijo: - no cabe duda que ese era mi ángel guardián que Dios mandó para cuidarme, gracias Dios mío.
Tomado de: www.pcjovenes.com
miércoles, 11 de abril de 2012
NÓMADAS MODERNOS

Un día cualquiera, la clase de don Ernesto transcurría normalmente mientras explicaba a sus alumnos la historia del hombre. Les contaba que en un principio los hombres fueron nómadas, que no vivían en un lugar fijo porque iban de un lado a otro buscando la comida donde estaba, y cuando se acababa, se marchaban a otro lugar. Les contó cómo el invento de la agricultura y la ganadería fue algo excepcional, porque al aprender a cuidar la tierra y los animales, el hombre pudo tener comida siempre, de mejor calidad, y además vivir en un sitio fijo, lo que facilitaba que se pudieran hacer muchas otras cosas que necesitaban mucho tiempo para hacerse, y a raíz de eso se construyeron los primeros pueblos y ciudades...
Todos escuchaban como encantados aquella historia, hasta que saltó Lucía:
- ¿Y si aquello fue tan importante y mejoró todo tanto, por qué somos nómadas otra vez, don Ernesto?
Don Ernesto se quedó sin decir palabra. Lucía era una niña muy inteligente, conocía a su casa y a sus padres, y estaba seguro de que no eran nómadas; ¿qué querría decir?
- Todos nos hemos vuelto nómadas -siguió Lucía-. El otro día a las afueras de la ciudad estaban talando los bosques, hace poco vez un pescador me contó cómo pescaban; y con todos era lo mismo: cuando se acababa un bosque, se iban a otro, y cuando se acababan los peces en un sitio, cambiaban de lugar. Eso es lo que hacían los nómadas ¿no?
El maestro asintió pensativo con la cabeza. Realmente, Lucía tenía razón, y los hombres habíamos terminado por convertirnos en nómadas a la hora de conseguir muchas cosas. ¡Menudo atraso! en lugar de cuidar la tierra y sus recursos para seguir obteniéndolos en el futuro, ¡seguimos exprimiéndolos hasta que se acaban, y luego nos vamos!. El resto de la tarde estuvieron hablando sobre qué podían hacer para demostrar lo civilizados que eran...
Al día siguiente, todos fueron a clase llevando una camiseta verde con un mensaje que decía "¡Yo no soy un nómada!", y a partir de entonces, se dedicaron a demostrar a todos que no lo eran; cada vez que sabían que iban a necesitar algo, se preocupaban por asegurarse de que hubiera sido obtenido con cuidado y control: si querían madera o papel, se aseguraban de que fuera de árboles replantados, el pescado lo compraban en piscifactoría, vigilando que no fueran peces pequeñitos; sólo utilizaban productos de animales cuidados y alimentados en granjas... y así, desde su pequeña ciudad, aquellos niños consiguieron dejar de ser nómadas de nuevo, como habían hecho los hombres prehistóricos hacía miles de años.
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